¡No sé con qué propósito, pero Dios sí lo conocía!

29 de mayo de 2018

Por:  Irma Zephora Laporte Echevarría

Verso Bíblico: Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Salmo 139.4

Siempre que tengo alguna situación difícil en mi vida, miro al cielo y digo: “no sé con qué propósito Dios ha permitido que esto ocurra, pero Él hablará a mi vida en el momento preciso.”  Hoy quiero contarles cómo Dios ha trabajado en mi vida y me ha bendecido en medio de duras pruebas. Cómo la mano de Dios está en todo momento cubriendo mi corazón, mi familia, y mi vida.

Hace algún tiempo Dios me venía enviando señales de que algo inesperado y terrible ocurriría en mi vida.  Yo no entendía qué era lo que estaba pasando, o tal vez mi corazón se resistía a aceptar lo que ocurriría más adelante. Mi vida era normal, con un matrimonio, un hijo, unos padres y un hermano maravilloso. Todo estaba bien y no había nada fuera de lo normal.

Un día mi vida comenzó a cambiar y todo ocurrió tan rápido que no tuve tiempo de prepararme para la tormenta que venía a azotar a mi familia.  Mi madre, una mujer de Dios y dedicada en cuerpo y alma a su familia y a servir a nuestro Señor, cayó atrapada en las garras de la terrible enfermedad de la demencia.  Fue tan duro el golpe cuando vimos esto en una mujer con una sabiduría y un don para resolver situaciones difíciles, que sentí que el mundo se me vino encima. No lograba asimilar lo que estaba ocurriendo. Así las cosas, comenzamos a batallar con esa terrible enfermedad. En un momento, sobre mis hombros recayeron tantas responsabilidades y decisiones que sentí que me ahogaba, pero siempre clamaba a Dios y él me respondía. Todavía recuerdo cuando un día en medio de mi desesperación, en mi cuarto escuché o sentí cuando algo me decía “no te he dicho que si crees verás la gloria de Dios resplandecer en ti”. En ese momento estaba tan agobiada que no sabía cuál era el propósito de Dios.

Fue un tiempo difícil porque era una prueba tras otra. Cuando recibimos el diagnóstico de la enfermedad de mi madre, aún tenía el consuelo de que mi esposo estaría a mi lado, más no fue así. Sentía que se alejaba, sentía su desamor, sentía su rechazo, pero me negaba a aceptarlo. Pensaba que todo era producto de mi situación, de la lucha que llevaba con la enfermedad de mi querida madre. Tenía la responsabilidad de atender a mi padre, de realizar todas las tareas y responsabilidades que llevaba mi madre, y todo ocurrió sin darme tiempo a reflexionar o analizar cómo yo iba a cumplir con todas esas cosas al mismo tiempo y ser madre y esposa.  Pero cada día tenía su propio afán. Cada amanecer era una nueva prueba, pero en medio de toda esa situación nunca cuestioné a Dios; solo clamaba a Él y le pedía que me diera la fuerza, la sabiduría y el entendimiento para luchar.

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Mis días se tornaban largos, duros y difíciles. A pesar de que mi confianza y mi fe estaban puestas en Dios, confieso que en muchas ocasiones me quebrantaba y me desesperaba. Sentía que no había luz al final del camino, que solo había oscuridad.  Pero luego de ese episodio de quebranto, me levantaba y volvía a confiar en el Señor.  Mi madre estaba transformada, convertida en otra persona, en una extraña, rechazaba a mi padre, no lo reconocía como su esposo, se tornaba agresiva, nos calumniaba y decía tantas cosas sin sentido y tan hirientes, todas ellas producto de su enfermedad.  Miro atrás y recuerdo las veces que mientras iba de camino a mi trabajo, mi alma se quebrantaba, mi corazón se estremecía y las lágrimas corrían por mi rostro y gritaba desesperada porque no encontraba una solución a mis problemas. Soy humana y en esos momentos de desesperación se me olvidaba que Dios era mi única solución.  Pero Él rápido obraba y me refrescaba la memoria para que yo reaccionara y entendiera que Él estaba en el asunto.  Siempre debemos tener presente que Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza y que en el momento de la prueba hay que tener la plena confianza en el Padre Celestial.  Yo soy el vivo ejemplo de que Dios es real y que Él todo lo puede.

En medio de todas las pruebas por las que atravesaba, durante el verano llegó otra dura prueba a mi vida, la infidelidad de mi esposo. En ese momento sentí que me ahogaba, que mi corazón ya no resistiría otro golpe.  Mi corazón estaba hecho pedazos, ya no quedaba un lugar en el que no hubiera una cicatriz. Era un dolor tan grande que sentía que me iba a morir. Era aceptar que la persona a la que amabas, en la que confiabas y con la que tenías planes para el futuro, te abandonó y te traicionó. No entendía el propósito de tanto dolor.  Ahora sé que Dios me estaba probando para enfrentar un golpe duro del que tendría que salir victoriosa porque mi madre y mi hijo me necesitaban fuerte y valiente. Tenía que aprender a luchar sola.  En medio del dolor de la ruptura de mi matrimonio todavía me sentía segura porque mi padre, a quien amaba con todo mi corazón, estaba a mi lado ayudándome, dándome la mano.

Mi madre había bajado las revoluciones y fueron unos días de calma antes de la tormenta que se avecinaba. Era una doble tormenta, mi madre volvió a descompensarse y un fenómeno natural azotaría nuestra isla. Confieso que jamás imaginé experimentar lo que pasamos durante el paso del fenómeno atmosférico huracán María. Las consecuencias tras el paso del huracán y lo que vivimos. Pero Dios ya nos estaba preparando. No sabía con qué propósito Dios tocó a mi tía Dámaris para que pidiera a la familia que comenzara una campaña de ayuno y oración. En aquel momento yo no entendía, pero Dios sí sabía cuál era el propósito. Comenzamos a clamar a Dios y a orar, aún sin entender qué ocurriría. Recuerdo que mi padre hizo el compromiso de orar y ayunar para que Dios respondiera y nos guiara por el camino que Él tenía destinado para nosotros.

Pasado el huracán María regresamos a la casa y la encontramos en unas condiciones terribles. El río había entrado a la casa y todo era un desastre. Nos afligimos más no nos quedamos de brazos cruzados. Iniciamos los trabajos de limpieza con la intención de regresar lo antes posible a la casa, pero el propósito de Dios era otro en ese momento. Mientras hacíamos las labores de limpieza, mi padre sufrió un ataque mortal.  Cuando vimos a nuestro padre sufrir ese ataque, experimentamos momentos de desesperación en medio de aquella emergencia donde no había ningún tipo de comunicación.  Viene a mi mente un recuerdo de aquel día cuando yo reclamaba a Dios y creo que fue la única vez que lo hice en todo aquel proceso, le decía: “Dios qué más me va a pasar ya no puedo más.” En medio de toda aquella confusión y tragedia teníamos la certeza de que había un pueblo orando y ayunando por nuestra familia.  Caída la noche llegó la fatal noticia, mi padre había fallecido en aquel momento de emergencia. Sentí que hasta ese punto llegaba mi tolerancia, mi valentía y mi aceptación; pero de mi boca solo salía una solicitud de petición y clamor para que Dios me diera paz y consuelo. Por eso, solo le pedía a Dios que me diera esa paz que tanto necesitaba. Así Dios lo hizo. Me trajo esa paz que consolaría mi alma y mi corazón.

No sabía con qué propósito ocurrían las cosas, pero Dios si lo sabía.  No sé con qué propósito Dios permitió que me quedara sola con mi niño, no sé con qué propósito Dios permitió que mis lágrimas se convirtieran en parte de mi diario vivir, no sé con qué propósito; pero Dios no nos ha abandonado.

Hoy la tormenta ha pasado. Ha llegado la calma y aunque mi madre continúa sumergida en la pérdida de su memoria, entiendo que el propósito de Dios en aquel momento de desesperación y de angustia por la partida de un ser amado por todos, redundaría en cosas positivas y significativas para cada uno de los miembros de nuestra familia.  Aún estamos de pie y no sabemos con qué propósito Dios nos llevó a permanecer en lugares jamás imaginados. Pero si tenemos la certeza de que Él no nos abandonará en esta lucha que aún no termina.

El propósito de Dios ha permitido que, a pesar de todas las pruebas por las que hemos atravesado, estemos de pie y yo me sienta feliz. Esto me ha llevado a sentirme contenta, realizada y con un deseo inmenso de continuar luchando por mis sueños, que son los de mi hijo y mi familia. No hay nada más hermoso, que ese lindo pasaje de la biblia que dice: “yo y mi casa serviremos a Jehová.”

A ti, mujer virtuosa, que sientes que tu vida ya no puede más con tantas cargas, que no sabes con qué propósito has llegado a la desesperación; Dios si conoce el propósito y Él contestará tus peticiones como lo hizo conmigo. He recibido tanto y tanto que no tengo palabras para expresar mi gratitud con mi Señor.

¡No sé con qué propósito, pero Dios sí lo conocía!

Con amor,

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Irma Laporte Echevarría

Breve Biografía:
Nombre: Irma Zephora Laporte Echevarría
Fecha Nacimiento: 19 de octubre de 1967
Nacida en Ponce y criada en Juana Díaz.
Madre de un niño, Abner Emanuel López Laporte.
Bachillerato en Ciencias Secretariales de la Universidad Interamericana.
Maestría en Educación Comercial y Sistemas de Oficina de la Pontificia Universidad Católica de P.R.
Supervisora hace 11 años en el Centro Judicial de Ponce donde llevo 27 1/2 años trabajando.
Criada en el evangelio desde el vientre de mi madre.

Un comentario sobre “¡No sé con qué propósito, pero Dios sí lo conocía!

  1. Nelly

    Extraordinario testimonio. Muchas bendiciones Irma. Te admiro x tu valentía y x confiar siempre en Dios. Él nunca deja solo a sus hijos. Muchas bendiciones y Dios te siga bendiciendo.

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