El Proceso te lleva a vivir el Propósito

Verso Bíblico: Salmo 37: 23

Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino.

Pensamiento:

El verdadero progreso ocurre cuando Dios lo organiza. John C. Maxwell

Cuando medito en la palabra “proceso” vienen a mi mente unos términos tales como tiempo, secuencia, capacitación, experiencia, enriquecimiento, negación, rompimiento, renovación, etc. Muchas veces he pensado en el transcurrir de mi vida aquí en la tierra y me doy cuenta de que no nací para morir sin haber tenido un propósito y haber vivido el mismo. Cómo mujer, y con una opinión individual en ciertos temas, cuando conoces tu propósito y te has alineado a la voluntad de Dios, es sumamente importante tener este detalle presente en muchas decisiones cruciales. Es sumamente importante cuidar lo que Dios colocó en tus manos y rodearte de personas con la misma madurez y entendimiento. Tu círculo íntimo es seleccionado con mucho cuidado. Todas las personas tenemos un grado de influencia; por lo tanto, es sabio escoger amigos que te impulsen a vivir tu propósito, crean en ti e influyan de forma positiva en tu vida.

Una de las historias que más ha impactado mi vida, en cuanto a procesos se trata, es la de José. Me encanta el pensamiento de John C. Maxwell cuando dijo: “No es el sueño de una vida; es el sueño que toma toda una vida”. Dios le había regalado desde joven a José una visión de lo que Él había planificado para su vida. Su vida estuvo marcada por muchos procesos y fue dirigida por Dios. Dios había procesado a José en lo anónimo y en lugares indeseables para muchos. Un detalle importante, que vale la pena resaltar, es que José entendió que Dios estuvo con él en todo momento. Cada experiencia vivida tenía una intención dentro de un gran propósito. Génesis 45:5-8 dice: “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros… Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios.” Hay momentos que nos toca vivir y en su desarrollo no entendemos el porqué. Incluso, me atrevo a decir, que como personas imperfectas tenemos a veces un grado de ignorancia en ciertas cosas y eso nos lleva a cometer errores; también añado la debilidad en nuestro carácter cuando no seguimos los consejos de personas que han transitado esta vida más que nosotras. Pero aún a través de esos errores podemos obtener beneficios si aprendemos a ser responsables de nuestras decisiones y acciones.

Personalmente aprendí que es mejor someterse al proceso de Dios para nuestra vida. Cuando dejamos que Dios ordene nuestros pasos, estamos transitando la vía de una forma más segura y exitosa. Tendremos aflicciones en medio de ellas. No te hablo de un evangelio liviano, de uno donde podemos manipular la voluntad de Dios y creernos superiores a su soberanía. Donde podemos autoproclamarnos sin haber sido procesados, como actualmente vivimos hoy en día. José entendió muy bien las consecuencias de autoproclamarse. John C. Maxwell expresó lo siguiente: “La autopromoción no puede reemplazar la promoción divina.” Dios procesó a José de una manera dura pero que sacó el líder que Dios quería formar para preservar la vida de todo un pueblo. Y eso conllevó años de preparación en lo secreto. De John C. Maxwell aprendí que los procesos de Dios nos llevan a desarrollar sumisión y fidelidad. Somos nosotros los que nos sujetamos a la voluntad de Dios; no Dios a la de nosotros. Los procesos de Dios desarrollarán en nosotras fidelidad a Él, sujetándonos a sus designios ya escritos en el cielo. En un momento, José cuando se presentó delante de Faraón le dio una contestación que a muchas de nosotras nos sirve de ejemplo. El rey necesitaba la interpretación de un sueño. Cuando José se presentó delante de él contestó lo siguiente: “No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón.” Aquí José demostró haber aprendido la sumisión, fidelidad a Dios y a quién le pertenece la gloria; virtudes que nos deben caracterizar como mujeres ante un Dios que se merece ser exaltado con todo. José vivió su propósito, depositado en su juventud, porque se sometió al proceso que lo condujo a un progreso. Cuando somos procesados por Dios y nos sometemos a su voluntad, viviremos el propósito del Padre para nuestras vidas. Su éxito fue que Dios estuvo siempre con él. Dios estuvo presente desde el principio en los procesos de José.

Dios nos da el mejor regalo para transitar la vida con propósito eterno.

Con amor,

 

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Lisa Rodríguez

 

 

 

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