Persiguiendo el Propósito

Lectura: 2 Corintios 1:20

“porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, , por medio de nosotros, para la Gloria de Dios.

Creo en las promesas de Dios. Es una convicción tan fuerte de que sí,  algún día viviremos en nuestro propósito  mayor aquí en la tierra. Somos propósitos diariamente. Cada día Dios nos permite vivir diferentes experiencias que serán de bendición para otras vidas; pero hay algo más que un propósito, el llamado. ¿A qué realmente Dios nos llamó?

Como hijas de Dios, desea ardientemente vivir en el propósito de Dios para tu vida.

El mensaje que se debe comunicar es el mismo,  Cristo-céntrico.  Aunque el llamado sea diferente para cada una, creo que todos deben mostrar lo que realmente Dios anhela: conectar al hombre con Dios, que las vidas puedan acercarse a Dios, transmitir esa pasión por Dios y que rindamos nuestro corazón a Dios. Son tantas cosas, pero el fin es el mismo: llevar la palabra de Dios y que el hombre se rinda a Dios.

La búsqueda para empezar a vivir nuestro propósito en Dios empieza donde nadie puede verte. Alimentamos nuestra relación con Dios en el lugar secreto. En ese lugar no hay oportunidad para ser otra cosa, más que ser nosotros mismos ante Dios. Aún siendo pecadores, la misericordia y amor de Dios no tienen fin; ahora es más fácil acercarnos a su presencia. Un día un pastor me dijo que el secreto estaba en las madrugadas y en lo secreto. Sus palabras no se me olvidan porque realmente tenía mucha razón. Si deseas con todas tus fuerzas ver el cumplimiento de una palabra en tu vida; allí es el lugar correcto donde todo puede comenzar.

El camino hacia el cumplimiento muchas veces cuesta, es difícil. Experimentarás procesos que solo serán el escenario de preparación. El principio de todo está en moldear el carácter y desarrollar lo que necesitas para el momento de su cumplimiento. Sería excelente siempre prestar atención, aunque en silencio, de las movidas de Dios. Dios nos ha entregado una visión, debemos ir tras ella con todas nuestras fuerzas. Aunque muchas veces duela, mientras oramos y renovamos nuestras fuerzas, como dice Pablo en 1 Timoteo 6:12, nunca desistamos de perseguir lo que Dios nos entregó.

“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.”

Puede ser que, en un momento de tu vida, hayas desvíado la mirada de la meta, pero siempre será oportuno colocarse de nuevo en el camino correcto y perseguirla. Ten solo una cosa en mente, la salvación; pero mientras esperamos con paciencia ese momento glorioso que ha de ser manifestado pronto, vivir en nuestro llamado y propósito es una motivación más para mantenernos conectadas en su presencia. Nos permitirá experimentar el amor y misericordia de Dios a nuevos niveles y nos enamorará más de El. Si tienes que correr a capacitarte, hazlo. Hay cosas que debemos hacerlas nosotras que nos permitirán darle lo mejor a Dios. Corre tras tu propósito.

 

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Por Lisa Rodríguez

 

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